De otros años, restos y rastros...

de antiguas entradas

 
 


LA REALIDAD QUE CONSTRUIMOS (2009)

(Una antigua alumna me escribe sobre sus miedos. Está estudiando fuera. Muchas cosas nuevas...)


¿Te acuerdas cuando os hablaba de la "realidad"? Os decía que, como la belleza, la "realidad"es ese extraño baile, esa escurridiza e inenarrable complicidad entre "algo" que viene de afuera y "algo" que viene de ti... Os decía que la "realidad" es, al contrario de lo que solemos pensar, algo así como una obra compartida, un cuadro dibujado a dos manos, una melodía a dos voces... Una de ellas se nos escapa. No es nuestra. No responde a nuestros deseos. Está en manos del azar o de los dioses. Un grano que te sale en la nariz el día de tu cumpleaños. Un levante que jalea tu peinado (no hablo por mí) el día de tu cita más importante. Esa muerte que no entiendes y que también te mata a ti de algún modo. Coño, por dos segundos he perdido el bus. Mi madre está de un humor de perros. Se pasó el plazo de matrícula. Esta secretaria, que jodía, pasa de mí, ahí le coma la mano la marrana. ¿No que siempre se me acaba a mí la bombona cuando estoy enjabonada? El fatum, lo inexorable, el destino. Tiene tantos nombres como miedos dejó entre los mortales. Pero la otra, ah la otra, mi querida S. ... Hablo de la otra voz que compone la melodía de lo que llamamos "realidad", de la otra mano que pinta el lienzo que nos envuelve. La otra está en tus manos, en tus ojos, en tu boca... La otra te pertenece. Aunque a veces lo olvides. Es un olvido torpe y cobarde. Qué mala suerte. Vaya vida que me ha tocado. Si yo fuera éste o aquélla. Qué putada que llueva. Es un olvido torpe a veces, pero muchas sólo cobarde. Culpar al mundo de mi tristeza, de mis sombras, de mis mezquindades, de mis miedos... Es un alivio. Pero cobarde y torpe. Digo torpe porque no hay agencia de reclamaciones para la vida. No hay un mostrador donde uno pueda decir "vaya mierda de suerte que me tocó, quiero poner una demanda al destino". Es inútil quejarse. No patalees. O patalea. Da igual. O puedes hacer algo distinto. Cogé con fuerza el pincel que compartes con el ado. Aprieta fuerte el estómago, que la voz que te corresponde en el dueto de la vida marque el tempus de tus vivencias. No te arredres: que la voz de tu mirada sea el sentido del paisaje, del mundo. Puedes. Claro que puedes. Definitivamente, el mundo está en tus manos. Al menos en parte. En una gran parte, bien pensado. ¿Cambiar el mundo? Alucinas Javi. Yes, you can,  decía Obama. Y ya ves. Cambiar el mundo. ¿Cambiar el mundo...? ¿Estás loco? ¿Qué puedo cambiar del mundo? ...Yo, ¿sabes?,  voy a ir el lunes a clase, después de alegrarme por tener agua en un grifo. Voy a intentar que mis alumnos (y yo mismo) pasen un rato lindo y descubran (y yo mismo) cosas nuevas de tantas que les están (nos están) esperando. A ver si saco una sonrisa a mis compañeros. A ver si convenzo a Montse de que sus bocadillos son la alegría del recreo. A ver si el municipal que me da paso piensa por un momento que nos es tan malo estar ahí en medio de la calle haciendo aspavientos como la barrera de un parking. A ver si mi vecina, que es muy linda y anda desolada, tiene un rato amable que bien se merece... ¿sabes? de algún modo el mundo se nos escapa de las manos, pero de algún otro está esperando a ver qué decimos. Mi querida S., te invito a que cambiemos nuestros pequeños mundos, convencidos de que, de alguna manera, nos pertenecen, son responsabilidad nuestra, nos necesitan. Nos están esperando. ¿No oyes sus voces? Qué linda eres. Qué falta le haces al mundo. Te quiere. Javi. Solamente. ¿Solamente? 

[Perdona el coñazo. Esto me lo sugirió eso que dices de las montañas. Que son grandes... No. Míralas bien. No son grandes. Son imponentes, majestuosas. Nos vocean nuestra pequeñez y nuestra grandeza. Son la voz de "las cosas del otro lado". (¿sabes ya qué son "las cosas del otro lado"?]



Introducción a una contribución de la crítica del lenguaje no sexista  (10 enero 08)


No quiero empezar el año sin cerrar el pasado, y tenía una cosa pendiente. Me refiero a una idea que se me ocurrió  cuando planteé mis dudas sobre lo del lenguaje no sexista. Os decía que iba a evitar en lo posible utilizar el masculino cuando exista un término neutro o universal. Es decir no decir "el hombre es un animal racional" sino "el ser humano es una animal racional". Pero que no me gustaba forzar el idioma en repeticiones del tipo "mis alumnos y mis alumnas". O del tipo -esto no es mío- "El   perro y la perra son el mejor y la mejor amigo y amiga del hombre y la mujer"...Lo que acabé pensando -creo que lo comenté con CCB- es que cuando yo escribo o digo "mis alumnos" pienso en todos (hombres y mujeres), no hago diferenciación mental, no clasifico ni excluyo, lo utilizo como universal genérico. Sin embargo, cuando digo "mis alumnos y mis alumnas" sí estoy haciendo una clasificación por sexos, violenta e innecesaria al menos en los casos en que   la diferenciación de género es irrelevante.
            Eso era. Decir que ese uso del lenguaje artificial "no sexista" en vez de ser coeducativo puede resultar  contraproducente. Y conste que por lo general   me siento más cercano a aquellos que luchan por la igualdad entre mujeres y hombres incluso en el lenguaje. Pero en fin, nunca me gustaron las afiliaciones así que no me siento un tránsfuga. Javi. Solamente.




Nietzsche, la Muerte de Dios (08)

Cuando tenía 14 años viví una experiencia personal que luego, poco tiempo después, me permitió entender, como puede entender un niño, esta idea nietzscheana de la muerte de Dios. Criado en una familia cristiana viví hasta tal punto mi religiosidad que intenté entrar en el Seminario de Cáceres y poco después conviví con los franciscanos del Monasterio de Guadalupe. Dios significaba para mí el sentido de la vida y mi mayor afán era escucharle para poder actuar “según su voluntad”. Esa era, me dijeron, la salida a la angustia y sin razón de mi pubertad recién estrenada. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, leía, y yo necesitaba de un camino, una verdad y una vida en el tumulto apasionado y sin recursos de mi sorpresa adolescente.

                       Pero al final de ese periodo me asaltaron dudas feuerbachianas (tampoco conocía por entonces a este filósofo sin embargo): la idea era muy simple, y recuerdo haberla comentado con vosotros en clase: ¿Es Dios el que ha creado al ser humano o es el ser humano el que ha creado a Dios? Unos días de delirio febril en la cama y una mañana me levanté diciendo: “Dios no existe” (o lo que es lo mismo: “Dios ha muerto”).

                       ¿En qué se convirtió ese pequeño universo que me constituía, ese mundo en el que me había desenvuelto hasta entonces? ¿Puedes imaginarlo?

                       De repente, nunca mejor dicho, de la noche a la mañana, no existía ese “sentido” prefijado de la vida que había heredado, lo había consumido como “hijo pródigo”. No había nada ni nadie que me impusiera qué estaba bien y qué estaba mal, como debía comportarme o qué debía hacer… Pero, al contrario de lo que cabría esperar, no sentí vértigo ante esa nada (ese es el nihilismo del que habla Nietzsche, la palabreja viene de “nihil”= nada), no me sentí perdido, sino liberado. A partir de ese momento tendría que buscar yo mismo mi propio camino, mi propia verdad y mi propia vida. El sentido de mi existencia estaba en mis manos y estaba dispuesto a dibujarlo. De repente no sentía el peso de la culpa, ni la opresión de ningún deber impuesto desde arriba. El mundo era una gran extensión sin caminos trazados, sin referencias… por primera vez en mi corta vida me sentí dueño de mí mismo y esa sensación me llenó de entusiasmo.

                       Ese es el sentido de la “muerte de Dios” en Nietzsche, ni más ni menos: la liberación de valores absolutos, de normas impuestas desde una supuesta transcendencia. La liberación de una moral, la cristiana, que además, para el filósofo, como ya sabes, es “hostil al mundo de la tierra”, es decir contraria a la vida, al instinto, a la creatividad que serán los signos distintivos del superhombre.

                       Además de esa dimensión de liberación moral, en Nietzsche, Dios representa alegoricamente, ese “mundo verdadero” del que habla por ejemplo Platón, el mundo de “supuestas verdades y realidades eternas” inventadas por la filosofía para escapar de la fugacidad de la vida. La muerte de Dios es también la negación de ese mundo ilusorio.

                       En definitiva, la “muerte de Dios” supone por un lado, la negación de un mundo inventado por el miedo de la razón a los instintos, y la negación de una moral cristiana contraria a la vida: la idea de Dios es, de hecho, para Nietzsche, en sus propias palabras,   “el vampiro de la vida”.

                       Javi, solamente.



El superhombre

(6 abril 08)

                       Imagina ahora al niño sobre el que te escribí ayer (¡moños!¡me estoy recordando a Rajoy en plena campaña electoral!). Un niño ante un mundo sin sentido prefijado, sin valores ni normas impuestos desde lo transmundano. Imagina pues a un niño ante “la muerte de Dios”…

                       “Si Dios no existe, la vida no tiene sentido… todo está permitido”, me dijeron mis amigos creyentes amablemente preocupados por verme ahora, así de repente, en un mundo sin trazas.

                       Cuando uno rechaza el sentido, las normas y los valores heredados corre, de hecho, un riesgo. El riesgo de sumirse en un mundo “desvalorizado”, de dejarse llevar por el desenfreno moral, por el “todo vale”… Ese sería “el último hombre” del que nos habla Nietzsche, un ser humano empobrecido viviendo un ateísmo superficial. Ese sería un “nihilismo pasivo”. Es decir la negación de los viejos valores (la nada) asociada a la incapacidad o la desgana de crear otro nuevos.

      Así lo viví yo tras mi personal deicidio... como un interno que goza, depronto, de una libertad inusitada, imprevista y definitiva: me eché al mundo sin cortapisas. Quiero decir que me rendí a mis deseos, liberado de normas y de culpas, al capricho, a mis impulsos sin ningún límite que no fuera mi propia satisfacción. Mi alma se dedicó al espolio como una multitud febril asalta los supermercados en un apagón, o como el pueblo irakí arrasó sus propios tesoros cuando quitaron el pié de su cuello... El mundo era la despensa abierta de mis pulsiones, los otros meros instrumentos para mis fines.

    Pero al tiempo, al cabo de unos años, fue cubriéndome una persistente insatisfacción,  como cubre el invisible polvo, disfuminando sus perfiles, los disparatados objetos de un desvan; me llegó como una radiación de fondo que percibía en los pocos silencios que dejaba a mi alma, como un zumbido en los oídos, como una tormenta que sin que repararas oscurece un cielo de primavera... Al tiempo me llegó el vacío. Y es así como empecé a reconstruir sin remedio. Primero una cabaña que me hiciera el apaño para estas primeras noches del alma, luego la fui robusteciendo, en el descubrimiento patente de que necesitaba un refugio, un sentido y, por qué no decirlo, a los otros.


               Nos dice Nitzsche que cuando el que ha aceptado la “muerte de Dios” rehace creativamente un nuevo mundo de valores, de ideales, y busca su propio sentido, aparece “el superhombre”, el hombre nuevo que acepta el eterno retorno, el niño creador...  Ese es el “nihilismo activo” del que nos habla el filósofo.

                       Nietzsche no es racista, de hecho desprecia “lo alemán”. Su superhombre no tiene nada que ver con la biología o la raza. Es un tipo moral. Es el ser humano que acepta sin miedo la fugacidad, que acepta sus instintos, su vinculación a la tierra; es creador de valores, valiente y apasionado...

    Finalmente, lo recuerdo ahora amablemente en la distancia de los años, Javi necesitaba definitivamente... un nuevo Javi.  Solamente.

[El texto en otro tono es un añadido posterior, de abril de 2016. Pido perdón a Apolo]



Sobre el eterno retorno”

REFLEXIÓN PREVIA
(sólo para interesados, puedes saltártela sin miedo a morir)

   En la concepción mítica (también para los presocráticos esto es así) el tiempo tiene un carácter circular. Esto permite a los seres humanos arcaicos soportar el paso de la historia que de este modo “no deja nada atrás”. Es una concepción del tiempo accesible al regreso. Les da la capacidad, por vía de los actos rituales, de revivir acontecimientos significativos protagonizados por dioses y héroes que ocurrieron in illo tempore: “Un rito es la repetición de un fragmento del tiempo originario”, nos dice Mircea Eliade en su Tratado de Historia de las religiones.

Según este autor (cfr. “El mito del eterno retorno”) fue el cristianismo el que rompió definitivamente con una concepción cíclica del tiempo introduciendo una historia lineal, con un principio: la creación ex–nihilo, un acontecimiento irrepetible y esencial: la redención, y un acabamiento: la segunda parusía narrada en el Apocalipsis.

La historia así concebida tiene un finalidad, es una concepción teleológica del tiempo. Pero además, fíjate, la historia del mundo es una isla insignificante en el mar de la eternidad del que proceden y a el que van “las supuestas cosas eternas”. Este mundo queda así “desvalorizado”, puro tránsito sin peso.
                     Para Nietzsche está claro: concebir así el tiempo y la historia es una flagrante infidelidad a la tierra en favor de ese imaginado “mundo verdadero” de la filosofía y el cristianismo. Y ahí radica su reivindicación del “eterno retorno”.

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 El eterno retorno o la pasión por el ahora”

  Desde Parménides, pasando por Platón y recorriendo a juicio de Nietzsche toda la historia de la filosofía occidental, se ha producida una desvalorización del mundo sensible. Lo que nace y muere, lo que es y no es: el devenir, no puede ser la verdadera realidad, nos dicen. Los sentidos (el cuerpo) que nos muestran el cambio mienten. Deben existir entes eternos e inmutables objetos del verdadero conocimiento, de la razón. Ahí tenemos la génesis del “mundo verdadero” de los filósofos en su histórica huida de una fugacidad insoportable para “los seres más infelices”, en su histórica huida de la “insoportable levedad del ser” (robo la expresión del título de la novela de Milan Kundera, y también el primer capítulo que te lo transcribo, expresa muy bien la idea del eterno retorno…).

                         Pero para el que acepta la “muerte de Dios”, es decir para el que rechaza la existencia de una tal realidad transmundana, no queda más que devenir, fugacidad, instante... Para el superhombre sólo queda la vorágine dionisiaca, la voluntad de poder en su insaciable afán de crear nueva formas y destruir las antiguas: donde hay nacimiento tiene que haber muerte.

                         ¿Cómo es posible dar valor a lo que sólo es fugaz? Se pregunta el superhombre… con la aceptación del “eterno retorno”.

                       El eterno retorno, es la consideración circular del tiempo. Todo lo que sucede volverá a suceder en un ciclo eterno. Supone transmutar la fugacidad del instante en eternidad, puesto que cada uno de los ahora de tu vida se repetirán eternamente. Significa, pues, una valorización de este mundo en continuo cambio sin recurrir a transmundos ideales (el propio Mircea Eliade dice que el eterno retorno de las culturas míticas supone una “valoración metafísica de la existencia humana”). Es un intento de negar la condición perecedera de lo real.

Lo que realmente es es “el instante que se desvanece” y esto es lo que realmente hay que amar. Amarlo como si fuera a repetirse hasta el infinito.

Visto así, en el instante se anuda la eternidad.

                       Nietzsche dijo que la idea del “eterno retorno de lo mismo” era su pensamiento más profundo. Su intención no es hacer una teoría de la evolución del universo, la cosmología le da igual. Su intención es puramente axiológica, moral: enfatizar sobre la importancia del momento presente dándole un carácter de inmortalidad: vive cada instante como si fuera a repetirse eternamente. Piensa que cada cosa que hagas con tu vida va a repetirse por siempre, tu dolor o tu risa resonarán por toda la eternidad.

             “Suponiendo que digamos sí a un solo instante, al hacerlo no es solamente a nosotros a lo que hemos dicho sí, sino a toda la existencia. Nada, en efecto, tiene consistencia por sí solo, ni en nosotros ni  en las cosas; y si nuestra alma ha vibrado, como una cuerda, y resonado de felicidad una sola vez, entonces todas las eternidades eran necesarias para producir tal acontecimiento, y la eternidad  toda entera queda, por ese instante único de nuestra aquiescencia, salvada, rescatada, justificada y                        aceptada.” (Fernando Savater: De la voluntad de poder.)

                         Lo ya sido, lo que “pasa”, el pasado, frente al cual la voluntad de poder, el superhombre se encontraban impotentes se convierte por obra del eterno retorno en futuro.
                     Lo que sucede pierde la vacía frivolidad de lo que “no volverá”, se libera de la “insoportable levedad del ser”, adquiere peso, el peso de la eternidad sin dejar de ser tránsito.

                       Javi, solamente.
            (P.D.: Lee al menos el texto de Kundera que te va a ayudar a comprender, mañana lo cuelgo que ya no  puedo con los dolores.)   
                   



Apolo y Dioniso

(Respuesta a Irene; abril, 08)


Mi querida Irene, ahí va la explicación que me pediste… Espero que te sea suficiente. Respóndeme y me cuentas. Un saludo.


Nietzsche siente gran admiración por Heráclito. Pante rei, todo fluye nos dice el filósofo de Éfeso. Este continuo devenir de todo se expresa en formas que aparecen y desaparecen, en nacimiento y muerte continuos.

Esta visión de la realidad la toma Nietzsche. El llama a esta realidad última “Vida”, lo hace de forma metafórica, para acentuar su carácter de tránsito, de devenir, de cambio (todo lo vivo nace y muere y deja su lugar a un nuevo ser que repite de nuevo el drama de la existencia). También llama a la vida “voluntad de poder” para enfatizar el ansia ciega, sin sentido de esta realidad última, por expresarse en formas, por perdurar (Shopenhauer lo llamó “voluntad de vivir”).

Filólogo y gran conocedor de la cultura griega, nuestro filósofo, creyó ver en el arte griego una intuición de esta realidad última y consideró que podía representarla mediante el dios Dioniso. Dioniso es “el nombre artístico” de la Vida si me lo permites, (podía haberle llamado Farruquito o Falete, pero mira tú). Representa pues ese fondo alógico, de lo que todo procede y a lo que todo vuelve…

El dios Apolo, por otra parte, lo utilizó Nietzsche (siempre de forma literaria) para representar las “formas” en que la Vida (Dioniso) debe expresarse.  Apolo representa pues las formas individuales en las que se manifiesta la Vida y que “expiarán con su muerte” la separación de la unidad originaria… Es decir que todo individuo (Apolo), tú y yo también, siento decírtelo, es esencialmente fugacidad, forma de la vida condenada a existir y luego a desaparecer

En definitiva las figuras literarias de Dioniso y Apolo representan (de ese modo, alegórico) la tensión, la tragedia de todo lo que existe, en cuanto en esa existencia lleva implícita su desaparición. Dioniso es la vida, Apolo su expresión concreta. Dioniso crea a Apolo, después… lo devora. 

La cultura occidental desde Sócrates no soportó está realidad. Así creo por puro miedo, por puro instinto de supervivencia la metafísica, la moral y la religión. Es decir, la cultura occidental entronizó a Apolo, y negó, por miedo y vergüenza, sus raíces dionisíacas. [Estas cursivas son un añadido posterior. No supe contenerme]





¿Se rinde Nietzsche a la eternidad?


(abril 08)


Mi querida Irene, ahí va un intento de aclaración de tu duda. Antes de nada decir que me parece muy interesante y que muestra un empaque filosófico sin parangón en el mundo contemporáneo ¡viva Irene!.

Yo mismo, cuando os escribía sobre el eterno retorno, daba vueltas a esta cuestión, y me planteaba que, de algún modo, Nietzsche, adolecía de los miedos que reprochaba a la cultura occidental y que, finalmente, claudicaba ante la tragedia de la esencial fugacidad de la vida recurriendo, insospechadamente, a una supuesta eternidad…el eterno retorno de lo mismo.

¿No venía voceando que lo eterno es una creación humana ante el miedo a tolerar que todo pasa? ¿No decía que debemos aceptar que este mundo, el del devenir y el cambio continuo, es el único mundo verdadero? ¿No es lo eterno una fosilización mentirosa de la vida?


¿Es Nietzsche un rajao de mierda?

Yo creo que no. Nuestra duda viene, a mi entender, de la dificultad de entender su concepto de “eterno retorno”. Él mismo lo considera “su pensamiento más profundo”, y en Así habló Zaratustra dice (está en el texto que te facilité), después de hablar sobre esta idea… “Así dije, con voz cada vez más queda, pues tenía miedo de mis propios pensamientos y del trasfondo de ellos”.

Primero es importante que sepamos leer a este filósofo que no se expresa con un lenguaje conceptual o analítico propio de los racionalismos sino que utiliza la lengua de forma simbólica; su obra está llena de alegorías y metáforas, llena de símbolos. Es una expresión literaria, artística, en coherencia con su modo de pensar. Así resulta difícil de interpretar, por una parte, pero sugerente y lleno de significados por otra.

Mira, por ejemplo, qué quiere decir Luis Cernuda cuando escribe…


Te quiero

Te lo he dicho con las nubes,

Frentes melancólicas que sostienen el cielo,

Tristezas fugitivas;


Hubiera sido más claro si hubiera escrito…:

Ven acá, chota mía, que te voy a llevar al huerto

…pero también, estarás de acuerdo, mucho menos sugerente.


Volvamos a Nietzsche.

El eterno retorno no es una tesis cosmológica. Nietzsche no está hablando de un universo cuyos fenómenos volverán a repetirse. Es más bien una tesis poética o moral.

Ahí está la clave. ¿De qué manera puedo dar peso a la vida sin dejar de aceptar su fugacidad? Imaginando (poéticamente) el eterno retorno de lo mismo.

Vive cada instante  como si fuera a repetirse eternamente.

Efectivamente, el carpe diem intenta subrayar la importancia de vivir cada momento porque pasa, porque la vida es fugaz, tránsito y no podemos dejar que se nos vaya como arena entre los dedos. ¿Cómo deberíamos vivir cada instante? Con intensidad. ¿Con qué intensidad? Por ejemplo, imaginando que lo que hacemos ahora vaya a repetirse eternamente. Atención: eternamente.

Así lo interpreto yo. Nietzsche quiere valorar el instante. El eterno retorno es lo que viste la fugacidad de una eternidad, en mi opinión, poética. De repente cada acto de nuestra vida adquiere una responsabilidad moral inusitada (así lo expresa Kundera en La insoportable levedad del ser), piénsalo. El eterno retorno es, a mi entender, una actitud ante la vida, aceptada como fugacidad, que otorga al instante una “valoración metafísica”. Solamente. Javi




¿Quién teme a la filosofía?


Que me perdone  Daniel Innerarity, no tanto por robarle unos fragmentos de su artículo -apareció en El Correo ya hace unos años con el título de “Salvemos los problemas”-, cuanto por desgranárselo. Me temo que si os tengo que conquistar ha de ser con pocas palabras... Y ya sé que te estás preguntando si a esto llamo yo “pocas palabras”


“Forma parte de nuestro paisaje mediático la discusión recurrente acerca de la utilidad de la filosofía. No reconoceríamos esta sociedad como la nuestra si no hubiera, cada cierto tiempo, un debate suscitado por alguna amenaza ministerial y la correspondiente reacción de los filósofos, una especie, no sé si amenazada, pero sí al menos especialmente obligada a justificarse e incluso a excusarse. Los menos interesados verán en estas apologías un instinto corporativo que se dispara ante la amenaza de perder el puesto de trabajo. No es ésta, por cierto, una reacción desmesurada, que nos parece lógica en otros casos. Pero mientras que otros puestos de trabajo pueden defenderse sin más apelando al derecho a trabajar, a los filósofos parece exigírseles que nos convenzan de que además su trabajo no carece de utilidad. Y sus razones nunca serán del todo convincentes, salvo que modifiquemos la idea dominante de utilidad.”


¿En qué sentido es útil la filosofía? Es útil, paradójicamente, como mantiene el autor, por problematizar la realidad, por hacer preguntas antes que por contestarlas...


            "El hombre ―decía Kant en un curioso escrito acerca de los terremotos― no ha nacido para erigir refugios perpetuos sobre el escenario de la vanidad". Hacer filosofía es subir a un escenario móvil y resbaladizo, en el que lo más probable es hacer el ridículo, aventurarse en lo que el mismo Kant describía como el "vasto y tormentoso océano" de la especulación, en el que nada está asegurado y el fracaso es siempre posible.”

La filosofía asume el riesgo incómodo del pensamiento auténtico, del pensamiento honrado, cabal;  frente a un mundo acostumbrado a soluciones fáciles que normalmente han de “comprarse”, la filosofía hace las veces del tábano, inquiere, incomoda. Ser un filósofo es ser un continuo impertinente...

    “Salvemos los problemas frente a la presión de los competentes, contra las soluciones precipitadas porque, como dice Sánchez Ferlosio, "lo más sospechoso de las soluciones es que se las encuentra siempre que se quiere". Propongo defender esa rareza que ha generado un pequeño grupo de profesionales cuyo oficio no consiste en ofrecer soluciones, sino problemas, en ponerse las cosas lo más difícil posible, que, frente a tantos que no se equivocan nunca, parecen estar más interesados por mantener siempre abierta la posibilidad de fracasar que en salir siempre del paso. Hay sin duda un valor profundamente humanizador en ese respeto hacia nuestra condición problemática que la filosofía se compromete, mientras le dejen, a seguir protegiendo.”


Ahí va, para empezar, mi reivindicación.  Y mi invitación: atrévete a pensar por ti mismo.  Solamente. Javi.





6 de octubre de 2013

“Pensar el ser”


     Podemos decir que Parménides de Elea inicia la “metafísica” (lo que está más allá de la física, literalmente), aunque este extraño nombre se lo diera, hay que decirlo, tiempo después, Aristóteles.  La metafísica es la reflexión sobre “el ser”. Ya sé, te resulta extraño, estás acostumbrado a tratar con “los seres” y nunca, quizá, hasta ahora, te encontraste de frente con el ser...¿o sí? ¿o estás sumergido en él, disuelto, confundido en él? Quiero decir que  tal vez es solo una cuestión de tomar conciencia, de empezar a mirar “las cosas del otro lado”. Solamente. Javi.



“No soy un hombre ni un poeta ni una hoja,

pero sí un pulso herido que ronda las cosas del otro lado”

(Lorca, parafraseado)




“Os propuse que cuando os sentarais en el servicio pensarais en el Ser de Parménides. Es bastante relajante y ayuda a los procesos intestinales; lo recomiendan de hecho en todas las clínicas dietéticas de nivel. No, no es que el eléata (Parménides) tuviera siempre puestas las "gafas del Ser" como decía mi querida Sara, es que este filósofo, el venerado y terrible, se paró a pensar "lo que es" liberándolo de toda determinación. Mi gato Mitchka Freud es un individuo particular, al que caracterizan una serie de peculiaridades que lo determinan como "mi gato" (me resarzo así de que el me considere "su ser humano"). Si lo miro, y usando mi capacidad racional de generalizar, prescindo de algunas de estas determinaciones, lo convierto en "un gato", "Gato" ya no es mi gato sino un concepto y,como tal, abarca, se refiere, representa a todo un conjunto de individuos con las características que tienen en común estos felinos. Si siguiera generalizando (en el juego que hicimos, si apretara un poco mis gafas de abstracción...) llegaría a considerarlo un mamífero cuando prescindiendo de algunos de sus rasgos me quedara sólo con los que tiene en común con todos los mamones, quiero decir, mamíferos. Fíjate que el conjunto de individuos aumenta... Así sucesivamente, en ese proceso vertiginoso de limpieza, de "olvido de diferencias", como decía Borges en Funes el memorioso, llegaría a "ser vivo". Y finalmente...[redoble de tambor]... al Ser. ¿Qué podría decir de una tal realidad absolutamente generalizada? Parménides pensó dicha realidad (no me extraña que haya muerto el pobre) y dedujo sus propiedades... eternidad, unicidad, homogeneidad... Yo desde luego me quedo con mi gato (que me está mirando raro) aunque ¿porqué no dejarse mecer algún rato por el profundo anonimato que nos da "ser"? (En Él no hay vecinos que te den la vara, ni veterinarios, ni gatos, ni profesores de filosofía...). Voy a tomarme ya la medicación. No preocuparse.” (Octubre, 2007)


13 de octubre de 2013


Os vengo diciendo en clase que, a diferencia con otras materias, la filosofía no es una disciplina que se acabe en su estudio, “la filosofía ocurre en vuestras cabezas”, es decir, precisa ser regurgitada y rumiada incesantemente para que de verdad sea filosofía.

García Morente se me adelanta y lo explica así:


“... la filosofía, más que ninguna otra disciplina, necesita ser vivida. Necesitamos tener de ella una «vivencia». La palabra «vivencia» ha sido introducida en el vocabulario español por los escritores de la Revista de Occidente, como traducción de la palabra alemana Erlebnis. Vivencia significa lo que tenemos realmente en nuestro ser psíquico; lo que real y verdaderamente estamos sintiendo, teniendo, en la plenitud de la palabra «tener».

Voy a dar un ejemplo para que se comprenda bien lo que es la «vivencia». El ejemplo no es mío, es de Bergson. Una persona puede estudiar minuciosamente el plano de París estudiarlo muy bien; notar uno por uno los diferentes nombres de las calles; estudiar sus direcciones; luego puede estudiar los monumentos que hay en cada calle; puede estudiar los planos de esos monumentos; puede repasar las series de las fotografías del Museo del Louvre, una por una. Después de haber estudiado el plano y los monumentos puede este hombre procurarse una visión de las perspectivas de París mediante una serie de fotografías tomadas de múltiples puntos de vista. Puede llegar de esa manera a tener una idea regularmente clara, muy clara, clarísima, detalladísima, de París. Semejante idea podrá ir perfeccionándose cada vez más, conforme los estudios de este hombre sean cada vez más minuciosos; pero siempre será una mera idea. En cambio, veinte minutos de paseo a pie por París son una vivencia.

Entre veinte minutos de paseo a pie por una calle de París y la más larga y minuciosa colección de fotografías, hay un abismo. La una es una mera idea, una representación, un concepto, una elaboración intelectual; mientras que la otra es ponerse uno realmente en presencia del objeto, esto es, vivirlo, vivir con él; tenerlo propia y realmente en la vida; no el concepto que lo sustituya; no la fotografía que lo sustituya; no el plano, no el esquema que lo sustituya, sino él mismo. Pues lo que nosotros vamos a hacer es vivir la filosofía. Para vivirla es indispensable entrar en ella como se entra en una selva, entrar en ella a explorarla”.


10 de enero de 2014


Una crítica a los profersores de filosofía, es decir, una autocrítica.



Atención: momento histórico. Por primera vez pongo en juego aquí unos apuntes completos de Kant (obvio agradecimientos por problemas de tiempo y espacio). Podrían ser la primera versión de muchas. Pero tal vez solo tenga este año y el próximo para revolverlos. Lástima tener que sufrir el cortoplacismo de los políticos, su miopía definitiva... Pero, ¡qué coño!; aprovecho el derecho al libre uso público de la razón para quejarme, de paso, para quejarme también del mal uso que los profesores de filosofía hemos hecho de esta posibilidad extraodinaria que nos permitieron los planes de estudios anteriores: enseñar a nuestros alumnos a filosofar, a amar la filosofía. ¿A qué nos hemos dedicado, instalados en nuestra funcionarial atalaya? Miremos qué parte de culpa tenemos. ¿Por qué no están las calles llenas de gente voceando que les devuelvan la filosofía?

Mis queridos alumnos de Historia de la Filosofía, apretados por un programa indigerible (tiene que producir gases a la fuerza), con una selectividad demencial a la vista, seguro que tampoco se suman a ese “clamor popular”.

Hago cada día -a Dios pongo por testigo- lo posible para que les resulte sugerente, significativa y -¡venga, vamos!- emocionante, que es lo que a mi parecer corresponde a la filosofía bien entendida; mis límites, los condicionantes académicos y estos tiempos, reman pa jodé. Que el Cielo nos proteja y nos ilumine. Ya  te digo. Solamente. Javi.


4 de marzo de 2014


"Mas Zaratustra contempló al pueblo y se maravilló. Luego habló así: 

El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre, -una cuerda sobre un abismo. Un peligroso pasar al otro lado, un peligroso caminar, un peligroso mirar atrás, un peligroso estremecerse y pararse. La grandeza del hombre está en ser un puente y no una meta: lo que en el hombre se puede amar es que es un tránsito y un ocaso”.


21 de marzo de 2014


Empiezo a leer a Adorno, sin que él se entere, para preparar unos apuntitos de la Escuela de Frankfut, nuestro próximo tema. Los estudiantes de filosofía hablamos de las tres “haches”: Hegel, Husserl y Heidegger... como filósofos indigeribles, porque no solo son complejos en sus pensamientos, sino, y tal vez, sobre todo, complejos en la forma en que los exponen. Crean conceptos, crean un lenguaje en el que debes sumergirte para intentar entender algo. A ratos -por ser suave-, como lo ha hecho hoy Adorno, me sacan de quicio.


A ellos les escribí esta parrafada este verano. La he recuperado:


“Un comentario a la jerga filosófica y a la endogamia conceptual de algunos filósofos:


Ustedes hacen una reflexión sobre la filosofía de la filosofía, por no decir una filosofía de la filosofía de la filosofía, planteada reflexivamente... Pues a mí me interesa la filosofía, e invocando a ella le preguntaría: ¿de qué carajos hablan ustedes? ¿Se refieren a algo reconocible con su palabras? ¿o acaso sus etéreos objetos solo son tal para su clan endogámico, para  los gatos de su tejado intelectual, desde el que parecen reírse del “pueblo” que les alimenta sin entenderles o tal vez por eso?.

Parecen ustedes monigotes con largos brazos de helio, jugando con globos que nosotros ignoramos porque no sólo nos son inalcanzables sino que ni siquiera “podemos verlos”. Tal vez encuentren magníficas soluciones, en sus magníficos mundos... tal vez, pero me temo igualmente que su luz durará lo que una magnífica estrategia en una partida de ajedrez que se perdiera cuando un niño, sin querer, desparramara  definitivamente, con un golpe insignificante,  las piezas y tanto sentido sobre el doliente y mudo tapete...”




9 de abril de 2014


        “Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tien más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible...”


                (EDUARDO GALEANO: Patas arriba. La escuela del mundo al revés)


ABRIL DE 2014


(SOBRE EL TEXTO DE HORKHERMER)


        El  texto resulta, por simple, extraño. La primera parte es una crítica al marxismo. Lo tenemos visto, por lo que no me paro. Respecto a la segunda parte habla de la “fatalidad” que lleva a la humanidad hacia un “totalitarismo” en la forma de uniformidad, de control y regulación absolutos sobre los ciudadanos... Podemos relacionarlo con la crítica a la Ilustración, a su concepto de razón, en tanto razón instrumental (que comienza su historia como intento de dominio de la naturaleza y termina como instrumento de dominio del propio ser humano), y con la crítica al capitalismo que impone sus “formas de conciencia” para justificar su tácito dominio, su tácito control sobre nuestras necesidades, sobre nuestros deseos... y así sobre lo que nos hace humanos.

    A mí el texto no me gusta. Pero reconozcamos que en su torpeza literaria esconde ciertas verdades filosóficas. No sé que te parece a ti. Late en las palabras de Horkheimer la cuestión del “pensamiento único” -de nuestras sociedades conformes, adormecidas-, late la advertencia sobre la “globalización”, en el mal sentido de la palabra... Late, en sus palabras, aunque no nos guste, la profecíacumplida -escribe hace más de 40 años- de la pérdida progresiva de identidad y de libertad de los individuos, y de la exageración progresiva de la injusticia social...

      ¿Es este el mundo el que quieres?  Te invitan a que te diluyas en la masa, a que no opines, a que no pienses por ti mismo, a que aceptes la lógica de lo que es... Sé que notas esta cadencia, esta presión... ¿Qué dices? ¿Lo que ellos quieren? Mira a ver. Solo tienes una oportunidad, un ensayo, como decía Nietzsche. Mira a ver qué haces.

    Solamente.



12 de marzo de 2013


    (A propósito de Nietzsche)

    Cuando desde finales del siglo XVIII empieza colarse la evolución de la historia en la pretendida naturaleza universal y definitiva de la razón, cuando empiezan a mostrarse sus límites, cuando se comienza a sospechar que su pretendida racionalidad tiene en sus pies lo irracional, los instintos y las pulsiones más primitivas, se está gestando ya en Europa un nuevo movimiento filosófico y cultural: el romanticismo.

    Con los pies en Hegel, y su concepción dialéctica de la realidad, con la crítica a la religión de la izquierda hegeliana (Feuerbach, Marx...), con el pesimismo budista y kantiano de Schopenhauer, con el historicismo de Dilthey, y el darwinismo de fondo va a surgir la filosofía de Nietzsche... Neurótico y sutil como pocos, su obra es una bofetada a la engreída civilización post ilustrada.

“Cuando en el desarrollo de la Ilustración se vayan mostrando con claridad los límites de la razón y que su pretendida “naturaleza” está

23 febrero de 2013


(LA ILUSTRACIÓN. Merece las mayúsculas)   

    Descartes inaugura la Filosofía Moderna, como hemos visto. A pesar de que nos huela un poco a rancio desde nuestra posición histórica, a pesar de que nos dé un tufillo escolástico, medieval, su filosofía va a tener tal impacto que, en adelante, en Europa, todo el mundo será cartesiano o anticartesiano. Ya te digo. Van a aparecer grandes metafísicas racionalistas como las de Leibniz y Spinoza por un lado -”metáforas del universo”, las llamará Borges-, y por otro un movimiento de reacción frente al modelo matemático de razón, un movimiento especialmente asentado en las islas británicas que podemos llamar, como hace Abbagnano: “racionalismo insular”, o “empirismo” como hace casi todo el mundo, siempre que no olvidemos que no deja de ser otro modo de racionalismo... Eso sí, el concepto de razón es diverso y abre las puertas a la Razón Ilustrada del siglo XVIII, a la ILUSTRACIÓN, fundamental para entender qué somos los europeos, o mejor los occidentales en general.

La nueva Razón no va a ser la del racionalismo cartesiano, sino otra más “mundana”, otra concebida como facultad natural limitada por la experiencia sensible. Ésta determinará sus posibilidades y sus límites.

De este modo, la cultura europea quiere superar los sueños dogmáticos de la razón que acompañaron a las Monarquías Absolutas y elaborar un concepto de razón más humana, más tolerante, más vulnerable y falible que necesita recurrir a la experiencia sensible para validar sus modelos explicativos de lo real. Del mismo modo, el pueblo, la sociedad burguesa va a reclamar al viejo rey su soberanía, y a constituir un orden parlamentario donde el diálogo funde los principios de igualdad, libertad y fraternidad... La historia dirá.



2 de febrero de 2013


(A propósito de Descartes)

  

Principios del siglo XVII: Europa está rota... La autoridad del Papa está en entredicho tras la Reforma protestante, y así el cristianismo se desangra con sus luchas intestinas; desde matanzas inconcebibles, como la de Los Hugonotes, hasta guerras cruentas e interminables como la de Los Treinta años -en la que participa el propio Descartes- rompen el corazón de la vieja Europa. La cosmología, la metafísica aristotélica, es decir, la forma en la que el ser humano contempló el mundo que le rodeaba desde hacía dos mil años, se derrumba ingualmente a manos de la Nueva Ciencia. La filosofía medieval, teocéntrica, practicamente una teología, empieza a resquebrajarse por los embates de hombres como Ockam y los librepensadores renacentistas que reclaman un nuevo escenario para una nueva preocupación: el ser humano y su hogar: la naturaleza.

En ese espacio desolado urge buscar nuevas referencias... y éstas no pueden ser ya transcendentes, transmundanas, ni tampoco referirse al pasado histórico en franco descrédito. La única referencia posible debe ser connatural al ser humano, la única referncia posible debe ser sin duda la propia razón... Ahí toma sentido la filosofía de Descartes, iniciador de la Filosofía Moderna a juicio de los historiadores, iniciador de un nuevo modo de pensar que va a determinar, en paralelo con los planteamientos de la Nueva Ciencia, el curso de la cultura Europea hacia la gran revolución del progreso humano: la Ilustración. Javi. Solamente.




15 de noviembre de 2012


A PROPÓSITO DE LAS IDEAS DE PLATÓN:

 “A Aristocles lo llamaban Platón por sus anchas espaldas (hoy hubiera sido costalero, ya ves, un tema menos), vive la decadencia de Atenas: las Guerras del Peloponeso. La gran Atenas pierde su hegemonía en favor de Esparta y luego de Tebas. Aristócrata, bien educado, esto es, educado para ser político, como correspondía, no deja de sentirse aturdido, nos dice, por la degeneración de las instituciones de su ciudad, por la corrupción de sus políticos. Con lo honrados que son los nuestros. Para colmo, conoce a Sócrates, un antisistema que mira a los ojos y te exige que no te mientas a ti mismo. Y te pregunta por la justicia. Qué se yo qué será eso de la justicia. Y ves que no habla de tus intereses, de tu justicia sino de La Justicia. Desde luego no de lo que dicen los políticos, ni sus leyes. Sofistas manipuladores que convirtieron los pinares de El Puerto por los que tu abuelo paseaba en puertos deportivos o en chalets deshabitados…    

 Platón, como joven inquieto y lúcido, no se conforma con lo que le enseñaron sus maestros sofistas, se quedó con la mirada de Sócrates, tábano de las conciencias (nosotros diríamos, mosca cojonera). No puede ser que lo justo sea ahora una cosa y luego otra. Tiene que haber una Justicia. Y tiene que estar escondida entre las acciones que llamamos justas, como cuando doy las gracias a mi madre por lo bueno que está el puchero. Eso es justicia. Pues ahí está la Idea, Juan Carlos, ahí. No, no en un concepto, algo mental, algo construido por los intereses de mentes interesadas, no. Tiene que ser algo más grande, algo que nos exceda a ti y a mí. Algo independiente de nosotros. No de este mundo de verdades a medias…

    La podredumbre que vivió, su deseo de saber, las conversaciones con Sócrates… Eso le llevó a afirmar que hay un mundo fuera del tiempo y del espacio donde está la verdadera realidad de las cosas. No estas leyes justas para algunos, sino la Verdadera Justicia. No estos guapitos de cara, sino la Verdadera Belleza. No estos buenos a veces, o buenos de taimadas intenciones sino la Verdadera Bondad, la Bondad en sí, EL BIEN.

¿En qué empeñarnos? Sin duda, estarás de acuerdo conmigo, en liberarnos de esas mediocridades, grilletes en la caverna, y buscar la Verdad, la Belleza y el Bien de las cosas. Esto son las Ideas mi querido Juan Carlos. Si es que sigues ahí. 

Javi. Solamente. “¿Solamente?”, dirás...

P.D.: ¿Existe la Idea de guacamole? ¿De selectividad? A Platón y a ti os da igual.”


¿Conoces tú las respuestas?

SOBRE EL MITO DE LA CAVERNA

(7 noviembre 07)


Os comenté en clase que, a mi parecer, el Mito de la Caverna es una de las alegorías más hermosas y sugerentes que jamás se hayan escrito. Pero, bien pensado, esta afirmación sólo será verdadera si verdaderamente el relato os sugiere, os cuenta algo a vosotros. Perogrullada.


Es verdad que tengo qua ayudaros a entender los planteamientos de algunos de los  filósofos más grandes de la historia, con el límite que supone el escaso tiempo que tenemos, que debo invitaros a que os asoméis a sus intentos de comprender el mundo que nos incluye. Pero creo también que debo  incitaros a “hacer filosofía” desde ellos. Miradlos con atención, escuchad las historias que han venido a contarte solo a ti si es que tienes la sed y el valor que se necesitan para dejar que sus palabras resuenen a tu través de una forma nueva.


Cuando empecé a leer El Mito de la Caverna en La República de Platón, donde comienza describiendo la vida de unos pobres diablos encadenados desde el nacimiento en el fondo de una gruta subterránea, y obligados, por sus grilletes, a mirar hacia la pared, sentí una lástima distante, semejante a la que nos provoca la lejana miseria que nos enseñan en los informativos.


Entendí que el filósofo describía a esos individuos, ¡pobrecitos!, que pasan su vida frente al televisor, (si transpusiéramos su época a la nuestra) viendo programas del corazón o absurdas telenovelas que crean mundos ilusorios, que distorsionan la realidad hasta convertirla en sombras, o a esos otros que deambulan presos de las opiniones ajenas, o a esos otros… Pero pronto, muy pronto, el relato zarandeó mi suficiencia cuando Glaucón comenta: “Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros”. A lo que Platón, por boca de su personaje, contesta: “Pero son como nosotros”. ¡Son como nosotros! ¿Como nosotros?. Sí, mi querido Mamón, digo Glaucón, como tú y como yo.


Vaya, vaya. Así que el filósofo habla de nosotros, de todos nosotros… encadenados en el fondo de una caverna y confundiendo las sombras que vemos desde niños con la realidad… Mal rollo. Menos mal que nos dispensa una salida: liberarse de las cadenas para salir de la oscuridad a la luz.


Pero ¿de qué cadenas? ¿De qué cavernas? ¿A qué luz? ¿Conoces tú las respuestas?


Qué pienso de Platón

15 noviembre 07



No puedo negar que me pasa como a Alberto: no puede estar de acuerdo con Platón en muchas de las cosas que nos dice. Pero desde que empecé a tener curiosidad con la filosofía, primero a través de la literatura y después aventurándome a leer oscuros textos de filósofos, en muchos casos malos literatos para nuestro dolor, intuí que lo interesante no era jugar a encontrar desacuerdos sino más bien, al contrario, buscar simpatías. Curiosamente, estoy pensando ahora, esa actitud, extendida a mis relaciones personales, me ha sido muy provechosa. Consiste, ya volviendo a la filosofía, aunque bien podríamos dejar abierto el paralelismo de las relaciones con los otros, en no descartar a un pensador porque su forma de entender el mundo, en general,   no encaje con la mía, sino más bien en colarme entre ese laberinto de puertas cerradas en busca de corrientes de aire y luz, en busca de ventanucos, claraboyas o chimeneas a través de las cuales conseguir pequeñas porciones de felicidad o de consciencia, claves inesperadas para disfrutar, para crecer, para revisar mis propias ideas, para apuntalarlas o incluso para demolerlas si llegara el caso... Y respecto a esto último, a lo de demoler, si algo me ha enseñado la filosofía a través de su tragedia histórica es que más vale construir como el primero de los cerditos del cuento que hacerlo con materiales inamovibles. Liberarse de la soberbia de la propia autosatisfacción quita mucho peso a la vida. Y pienso que es importante aligerar la vida, quitarle gravedad y llenarla de provisionalidad y de risa. (Vale, sí, me inspiraron las palabras de Shakespeare que he metido en la cabecera.)

       Y Platón, obsesionado con lo eterno e inmutable, conceptos que, por lo dicho, me infunden cierto temor,   está lleno de delicias sin embargo. Delicias literarias, poéticas y filosóficas. Ya dejé aquí apuntado mi entusiasmo por la alegoría de la caverna, pero hay en sus diálogos, en su filosofía, muchas insinuaciones que sería una lástima perder porque, básicamente, no estemos de acuerdo con él. 

       Y, dicho lo dicho, y leídas las críticas de Nietzsche al probable ateniense, no podemos quitarle el mérito de encarnar como pocos el talante dialógico y autocrítico que debe, a mi parecer, vestir siempre al pensamiento. Pocas veces sus diálogos concluyen en afirmaciones y muchas en nuevas preguntas. Pocas veces se muestra satisfecho, y termina su vida, como en una comedia de Aristófanes, desdiciéndose de lo dicho y mofándose de sí mismo. Hay que tener talla y valor para eso. Gracias papi. Javi. Solamente.




14 de octubre de 2012


Un cuento oriental:


        Al alumno de un maestro zen le regalaron un caballo. Todo el mundo se congratulaba y decía: "qué suerte, qué favorable le fue el destino". Pero el maestro, contrariamente, se limitaba a decir: "Ya veremos...". Al poco, ¡qué desgracia!, el alumno se cayó del caballo y se rompió una pierna. El pueblo entero se lamentaba de su suerte y maldecía el día que le regalaron el caballo. Sin embargo el viejo maestro volvió a decir: "Ya veremos...". Los aldeanos murmuraban ya acerca de su cinismo. ¿Romperse una pierna no es un mal en sí mismo? ¡Pobre chico! Pero ocurrió que hubo una guerra y tuvieron que alistarse todos los jóvenes de la región que, por cierto murieron en ella. Todos menos el joven alumno incapacitado por su pierna rota. Todos le felicitaron por su suerte, excepto el sabio anciano que repitió: "Ya veremos".   (No es mío, pero chico, no recuerdo dónde lo leí...)


      


 

(La foto la hice en Túnez en 2010. Es de la mezquita de Qayrawan)